A sus instalaciones no se va de juerga, sino a fumar cannabis de una forma controlada y responsable. No es un lugar donde se consuman otro tipo de sustancias estupefacientes, ni siquiera alcohol. Solo marihuana, por razones terapéuticas o por placer. En pleno casco antiguo, en la Plaza San Ginés, la asociación terapéutica de consumidores de cannabis, reducción de daños y gestión de riesgos Carmate ha abierto un club de fumadores en el que ya están inscritos 50 socios.

El tráfico de marihuana no tiene cabida aquí, ni en ninguno de la media docena de clubes sociales de las mismas características que ya existen en la ciudad. A modo de cooperativa, la asociación cuenta con unas cantidades cedidas por los socios, de cuya gestión se encarga una persona del colectivo.

«El consumo de este tipo de sustancias no es ilegal, siempre y cuando se haga en un lugar privado, y este club lo es», cuenta el presidente de la Asociación, Bartolomé de Haro, que también ejerce como responsable del Comité Antisida y gerente de Apoyo Activo de la Región de Murcia.

Derecho a consumir

Carmate se encuentra, precisamente, en la que fue sede de la delegación de Cartagena del grupo de afectados por el VIH. Se trata de unas instalaciones que ha rescatado este colectivo para convertirlas en un club «donde se contempla el derecho a consumir».

Los requisitos para formar parte de este grupo son tener más de 21 años, ser consumidor, pagar una cuota de inscripción de 40 euros al año y comprometerse por escrito a cumplir las normas establecidas en los estatutos.

También se establecen ciertas restricciones en el consumo: no más de dos gramos diarios, tanto para el ámbito lúdico como para el terapéutico. Hasta la asociación acuden personas con alguna dolencia física (cáncer, glaucoma, esclerosis múltiple), que encuentran en la marihuana la mejor medicina para paliar sus dolores. En otras circunstancias se verían obligadas a acudir al mercado negro para obtenerla.

Al margen del consumo, y como parte del programa de actividades de la asociación, sus miembros apuestan por las charlas informativas, los foros-debate y los talleres para establecer un consumo responsable.

Las cantidades de droga almacenada en la sede varían, pero generalmente se tiene en reserva el mínimo imprescindible para abastecer a los miembros y evitar que vaya a parar a terceras personas; lo cual sería considerado tráfico ilegal.

Leyes claras

La ley es muy clara en cuanto al funcionamiento de este tipo de centros. Solo tienen cabida en el ordenamiento jurídico si se configuran como clubes privados, de acceso restringido a fumadores de hachís o marihuana y en los que se exige como medida de control del acceso la condición de consumidor habitual. En su interior se pueden adquirir y consumir cantidades que no sobrepasen el límite de un consumo normal y solo entre sus cuatro paredes. Además, no está permitido el tráfico de cannabis entre los consumidores

El fenómeno nació al calor de la ley antitabaco de 2011, en la cual se explicitaba que solo se podría fumar en lugares cerrados (fuera de los domicilios) constituidos en clubes privados de fumadores. Quienes crearon estas asociaciones entienden que la ley se refería al tabaco y sus derivados y que solo están excluidas las drogas duras. Por lo tanto, si podían asociarse para fumar tabaco, también podían hacerlo para fumar marihuana y hachís. Con esta premisa, proliferaron las asociaciones sin ánimo de lucro con socios mayores de edad que pagan una cuota mensual y pueden cultivar y distribuir derivados del cannabis entre sus miembros.

Info: La Verdad

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