El inicio de la guerra contra los estupefacientes es, de facto, el prologo de la demonización de otras culturas. Aquellas que incluyen en su tradición cultural el uso de distintas drogas. Como no podía ser de otra manera en la nación norteamericana, de las culturas afroamericanas y latinas sólo se requería la fuerza del trabajo destinada, mediante trabajo esclavo, al crecimiento económico de la América WASP (blanco anglosajón y protestante). En este escenario de devastadoras filosofías cuáqueras y calvinistas crece la figura de H. Anslinger, destinada a convertirse, en el icono de la blanca América en contraposición a los afroamericanos a los orientales provenientes de China y a los que lo hacían desde México. 

El caso de la cantante Billie Holiday es el desafortunado paradigma del obsceno esfuerzo por erradicar las drogas de todo lugar y de toda cultura. La figura de la genio de la canción viene a ser la de la primera víctima acosada por una de las tantas guerras desplegadas en el siglo veinte para inocular el virus del terror en la población mundial.

La guerra contra las drogas representa la institucionalización del caos y del desorden. A ello se alude en este trabajo. Porque el verdadero orden que se empieza a vislumbrar es el de una sociedad en la que los adultos tienen libre acceso a los productos que nos ofrece la farmacopea ¿Qué conseguimos con ello? Nada menos que la soberana sobre nuestro cuerpo. La inclinación a la ingesta de drogas es tan pertinente como el de la ingesta de alimentos o de la práctica del sexo.

Con el tiempo asistiremos al derrumbe de la demonización más palmaria desatada contra el caso de los consumidores de heroína, sumidos en los claroscuros de la jungla urbana y seguramente aquellos que han llevado a cuestas, como el mito de Sisifo, un pesado fardo de desprecio y exclusión que los aboga a la enfermedad y el delito, un vía crucis contemporáneo que termina en la prisión o en la muerte.

La implantación de la sobriedad a toda costa nos hará recordar tiempos en los qu e dicha tara mental se hizo fuerte. El cuadro de Goya “Saturno devorando a sus hijos“ vendría a ser la imagen de la acción de los gobiernos contra los ciudadanos. Hay que tener en cuenta que países como Malasia o Arabia Saudi, todavía practican la pena de muerte en casos de drogas. Por otro lado que aberrante es el mutismo inane de organismos como la OMS (Organización Mundial de la Salud). Mira para otro lado mientras practican la hipocresía de la reducción de daños en su posición ideológica.

Qué precio más alto pagado por tantas generaciones sacrificadas en el altar de una sociedad tan chata como la mediocridad que lo sustenta.

Por último, un excelente trabajo en el que se recogen todas las posturas acerca del fenómeno Droga. Se constata una evidencia: El fracaso de la prohibición y la imperiosa necesidad de elegir otro rumbo…

  • Titulo “ TRAS EL GRITO
  • Autor JOHANN HARI  
  • Edita PAIDOS   

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